F A T A Y


E m p a n a d a s-Á r a b e s

h o r n e a d a s -o-f r e e z a d a s




El valor de la docena (12) de empanadas es de $20.

(Comen dos personas)

Esto incluye los gastos de envío.

Los repartos se realizan en el micro centro de Rosario.


Las consultas y pedidos se pueden realizar por mail

fatayempanadasarabes@gmail.com



También se
reservan pedidos a

O r n e l l a- A v e d i k i a n

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Las empanadas son realizadas con recetas clásicas, por personas con experiencia en el arte gastronómico árabe. La elaboración propia nos permite ofrecer mayor cuidado en la utilización, selección y calidad de los ingredientes.



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Empanadas en el Medio Oriente

Las referencias más antiguas sobre la empanada podemos encontrarlas en la cuna misma de nuestra civilización. Ya se conocía un plato cercano a la empanada en la antigua Persia siglos antes de Cristo. También Grecia era conocida por sus masas de cereales que exportaría a todo el mundo occidental. Según los árabes la pasta griega philo para ser rellenada es “la masa más delicada, suave, crujiente, fina, elegante, versátil, que se haya creado en la cocina”. El origen tiene raíz en Grecia y de allí pasaría a Armenia, Marruecos, Medio Oriente en general. Porque fue en esta región, en los áridos paisajes, los aromáticos Zocos y la casa familiar de sombra fresca que la empanada de verdad se hizo popular.

Las empanadas llevaban nombres sonoros que aun hoy se conservan fatay o esfiha , con carne de cordero y trigo burgol, y probablemente otras muchas variedades dulces y saladas que se perdieron. Es muy fácil imaginar la necesidad de una comida que alimente y que sea fácilmente transportable en las largas travesías del desierto. Es simple soñar en aquellas mujeres preparando la masa delicada, la carne aromática, el cálido horno que las cocinaría mientras sus esposos pensaban en viajes de conquista, leían y traducían el griego o rezaban en la mezquita. Las alforjas llenas de empanadas envueltas en hojas de parra, junto con leche agria, con dulces dátiles, con agua de azar.

El conquistador Tarig, quien diera su nombre a Gibraltar, las llevo en sus campañas junto a los almíbares, los hojaldres, los alfajores. Y a lomos de los caballos árabes de la conquista llegarían su cultura, su música, su comida a España, al Al-Andalús, a los ríos que harían reverdecer, a la Sevilla, a la Córdoba de donde ocho siglos después los españoles los echarían como si no fueran tan o más propietarios que ellos mismos.

Aunque el mismo año que finalmente los terminarían de echar de España, Colón divisaría una nueva tierra, aun los rescoldos de sus voces y de sus comidas nos llegarían a bordo de los barcos españoles. Cómo sino podríamos explicar nuestra afición a las especies y picantes, tan desdeñadas en España, y nuestra imposibilidad de pronunciar la “ce” como los Españoles.